Clasificación de la Discapacidad o Deficiencia Auditiva.

Según la Localización:
  • Deficiencias auditivas de conducción: Afectan al oído externo o medio. Suelen tener carácter leve y si se cogen a tiempo pueden ser transitorias, pues responden bien a tratamiento farmacológico y quirúrgico.
  • Deficiencias auditivas neurosensoriales: Afectan al oído interno, la cóclea , el nervio auditivo o las zonas auditivas del cerebro. Generalmente, tienen un carácter grave y permanente, y un pronóstico más complicado.
Según la causa de la perdida auditiva: 
  • Hereditarias: Se estima que representan el 30% de los casos de sordera, con un 10% debida a un gen dominante y el resto a genes recesivos. Pueden presentarse aisladas o asociadas a otros síndromes.
  • Adquiridas: Tienen su origen en procesos infecciosos como rubeola, toxoplasmosis, sífilis, entre otros. O bien en la administración de fármacos oto-tóxicos a la madre, que pueden llegar por vía transplacentarias.
Según el momento de aparición:
  • Hipoacusia prelocutiva: La pérdida auditiva está presente al nacer el bebé o antes de la adquisición del lenguaje (2-3 años). Ausencia del lenguaje en severas o profundas
  • Hipoacusia postlocutiva: La pérdida auditiva aparece con posterioridad a la adquisición del lenguaje. Alteraciones fonéticas, prosódicas o alteraciones de la voz.
Oído afectado:
  • Bilaterales: Audición deficiente que afecta a ambos oídos,
  • Unilaterales: Las pérdidas unilaterales permiten una audición normal con dificultad para identificar la fuente emisora.
Según el grado de perdida:
  • Ligera. Hablamos de hipoacusia leve para referirnos a los casos en que existe una pérdida auditiva de 20 a 40 dB, que hace necesario el uso de prótesis para una correcta audición, pero no compromete en absoluto el aprendizaje natural del lenguaje oral, pues permite captar la mayoría de los estímulos sonoros relevantes, incluida el habla.
  • Moderada, pérdidas de 40 a 70 dB, que dificulta la percepción del habla, pero no la compromete si se combina el uso de prótesis auditiva con una adecuada rehabilitación audio-lógica (cuanto más temprana, mejor).
  • Severa. Hablamos de hipoacusia severa cuando existe una pérdida auditiva de 70 a 90 dB, que impide la audición del habla sin amplificación y que, incluso con ésta, la tiene limitada a entre 30 y 50 dB.
  • El grado de discapacidad dependerá no sólo de si la pérdida se encuentra en el nivel inferior o superior del rango, sino de que la pérdida sea prelocutiva o postlocutiva, de la existencia o no de una adecuada rehabilitación temprana y del tipo y grado de estipulación recibida en los entornos naturales de desarrollo.
  • Grave (Sordera). Son tanto los que presentan una pérdida auditiva por encima del umbral del dolor como los que presentan una hipoacusia profunda, ya que en todos estos casos el individuo tiene disminuida de una manera muy significativa la función auditiva, especialmente en lo que se refiere a la adquisición del lenguaje oral. En estos casos es también un factor decisivo el momento de la pérdida, es decir, si se trata de una pérdida pre o postlocutiva, junto al tipo y calidad de estipulación natural recibida en casa y en la escuela y la existencia o no de una adecuada rehabilitación.

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